Degradación social y crisis económica: Las sagradas leyes del libre mercado.

10 Jul

 

No hace falta ser licenciado en económicas para ser economista y empezar a percibir los problemas de la fuerte crisis en la que nos vemos envueltos. Las tradicionales amas de casa siempre fueron las primeras en percibir los problemas del mercado y la inflación. Ya hace unos años el genial historiador E.P. Thompson nos contaba como la mayoría de los motines de subsistencia en la Inglaterra del siglo XVIII eran comenzados por las mujeres que acudían al mercado y percibían que los alimentos básicos habían subido y que su adquisición era prácticamente imposible. Ellas se convertían en protagonistas de la protesta y comenzaban la revuelta.

Hoy en día, por suerte, poco a poco todos y todas vamos siendo “amas de casa”. Así que desde hace un tiempo percibimos como el euribor nos machaca en las hipotecas, cómo la cesta de la compra es más costosa, hacemos cálculos y no nos da para ir de vacaciones, la inversión que es llenar el coche de carburante, no es fácil encontrar trabajo de calidad, y un largo etc. que puede estar condicionado a mil variables según los casos.

No contentos con esto, los Estados miembros de la Unión Europea nos presentan un nuevo proyecto de reforma social… la semana laboral de 65 horas, sí, han leído bien.  Pero tranquilos, nos lo dejan computar en periodos de tres meses y el trabajador debe estar de acuerdo. Y que mejor manera para que el trabajador acepte que congelar los salarios mientras la inflación sube de manera vertiginosa.

La primera pregunta que deberíamos hacernos es saber cómo se va a sostener la seguridad social. Si cualquiera de nosotros aceptamos el contrato de 65 horas semanales, estamos quitando un puesto de trabajo, si el paro aumenta y somos menos quienes cotizamos ¿quién pagará jubilaciones, desempleo y otras prestaciones?

No es sólo la degradación de la calidad de vida de todo individuo que trabaje 13 horas diarias, es menos tiempo de ocio y de consumo, que es otro de los pilares de la economía actual y una degradación del valor de la fuerza de trabajo. Y esto es lo que vendemos a las empresas, los asalariados, por lo tanto es una degradación de nuestro propio valor como personas.

 

Determinar el origen de la crisis económica que vivimos, y la social que se está fraguando, no es fácil del todo y existen muchos factores que deben analizarse. Hay tres factores determinantes: crisis financiera, alimentos y petróleo.

En un recorrido muy rápido podríamos determinar que  el origen de la crisis financiera está en los bancos que invirtieron con nuestro dinero, no lo olvidemos, jugando con las hipotecas en operaciones de gran riesgo aprovechando la coyuntura de bajos tipos de interés (para una visión menos simplista recomiendo lean “La crisis Ninja” de Leopoldo Abadía Sr que pueden encontrar en internet).

Cuando pensemos en el “oro negro”, ahora más que nunca debemos recordar aquellas palabras de los invasores de Irak que nos prometían que el precio del “crudo” bajaría, y desde entonces no ha hecho más que subir.

Y por último, el alimento. Países como China o la India han pasado a ser grandes importadores de alimentos (y de petróleo), desatando una crisis de características maltusianas, es evidente que ellos no son culpables de querer comer y de poder pagar. Pero nosotros sí somos culpables de los que quieren comer y no pueden pagar.

Sinceramente, creo que todos estos factores tienen un origen estructural y no sólo de tipo coyuntural, y si alguien es culpable es el neoliberalismo y su globalización.

Hoy en día las leyes del mercado son sagradas y cualquier gobernante político que intente saltárselas será tildado desde Europa y EEUU de radical, comunista, antiguo y otros muchos adjetivos del mismo corte. Ante esto el ciudadano debe reflexionar y mostrar su rechazo a las políticas económicas impuestas desde las grandes corporaciones. No hace falta ser “comunista” para denunciar esta situación, simplemente habría que pedir una vuelta al neokeynesianismo o a la socialdemocracia. Para quien desconozca a lo que me refiero bastará con nombrar el Estado del Bienestar, la estatalización de algunos sectores estratégicos de la economía y que son básicos para el bienestar social o el intervencionismo del Estado. Y quizá se debería empezar a pensar en no comprar productos de países donde los trabajadores no tienen unos mínimos derechos. La propia teoría del mercado tildaría de competencia desleal el hecho de que no existieran esos derechos y que por lo tanto la mano de obra fuera mucho más cara en nuestros países, el problema reside en que nuestros grandes capitalistas tienen demasiados intereses económicos en estos países. ¿Qué hacer? ¿Rebajarnos los salarios a niveles que podamos ser competitivos? ¿Ponernos jornadas de 10 horas de trabajo? ¿Llevarse las empresas allí? En ello están.

Si no existe un cambio en la concepción de la economía, quizá deberíamos pensar en pasear la momia de Lenin por Europa.

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